25/1/18

La inexistente investigación correlacional

Por Jacqueline Hurtado de Barrera

En los últimos años, en la literatura metodológica, se ha difundido el concepto de investigación correlacional como un tipo de investigación. El objetivo de este artículo es mostrar que no existe un tipo de investigación correlacional, y que ese error de concepto ha impactado negativamente la calidad metodológica de un sinnúmero de investigaciones. Para mostrar que no existe la llamada investigación correlacional, se seguirán tres pasos:


1.   El primer aspecto a revisar son las normas de la clasificación. 
2.   El segundo paso es definir tipo de investigación, y examinar las distintas clasificaciones.
3.   El tercer paso es examinar el concepto de correlación en el proceso metodológico.

Las normas de la clasificación

Con respecto a las normas de la clasificación, es importante tener en cuenta tres aspectos, para evitar construir clasificaciones erróneas. El primer aspecto es que toda clasificación se basa en un criterio, de manera que todas las categorías de la clasificación deben pertenecer al mismo criterio. Por ejemplo, cuando clasificamos objetos, los podemos agrupar por tamaño ­-grandes, medianos, pequeños-, por color -amarillos, verdes, azules-, por forma ­-redondos, cuadrados, ovalados-. En este caso el color es un criterio de clasificación, el tamaño es otro criterio y la forma es un tercer criterio: para cada criterio hay un grupo de categorías que son coherentes con ese criterio. No se nos ocurriría decir que los objetos se clasifican en redondos, cuadrados y amarillos, porque la categoría amarillo no pertenece al mismo criterio que las dos categorías anteriores. Un error común que cometen algunos autores en metodología es elaborar clasificaciones donde las categorías pertenecen a varios criterios, por ejemplo decir que las investigaciones se clasifican en descriptiva, experimental y expostfacto. Como se puede ver, la categoría descriptiva pertenece al criterio nivel de profundidad, mientras que las categorías experimental y expostfacto pertenecen al criterio grado de manipulación de las variables.

El segundo aspecto de la clasificación señala que las categorías deben ser excluyentes, es decir, que un mismo elemento no puede ser ubicado en dos categorías al mismo tiempo. Cuando no se cumple el primer criterio, es posible que las categorías se solapen, y por tanto el segundo criterio tampoco se cumpla, de manera que el investigador no sabría en cuál categoría ubicar al objeto. Por ejemplo, cuando a alguien se le ocurre decir que “los objetos se clasifican en redondos, cuadrados y amarillos”, está incumpliendo el primer criterio, pero también el segundo, porque podría existir un objeto que fuese al mismo tiempo redondo y amarillo, y en ese caso no sabría en cuál de las dos categorías ubicar el objeto. En el caso de la investigación, hay autores que clasifican los tipos de investigación en histórica, descriptiva y experimental (Tamayo, 2014). La categoría histórica se refiere al tiempo en el cual se ubica la investigación, la categoría descriptiva se refiere al nivel de profundidad (objetivo) y la categoría experimental al grado de manipulación de las variables. Se está omitiendo la primera norma de la clasificación, pero además, una investigación puede estaría dirigida a describir hechos históricos, con lo cual sería descriptiva y al mismo tiempo histórica, de manera que en esa clasificación, el investigador no sabría cual categoría asignar a la investigación. Por lo general en la actualidad se utilizan los términos histórico y retrospectivo para referirse al diseño de investigación, y no al tipo de investigación, de manera que una investigación descriptiva puede tener un diseño histórico, pero también podría tener otro tipo de diseño según el mismo criterio de temporalidad.

El tercer aspecto de la clasificación implica que las categorías debe ser exhaustivas, es decir, deben poder abarcar todos los elementos, de manera tal que ninguno quede por fuera de la clasificación. En el caso de la investigación, cuando se crea una clasificación, cualquier investigación debería poder ser ubicada dentro de alguna de las categorías de dicha clasificación.

Qué es un tipo de investigación

El segundo paso de este desarrollo, es definir “tipo de investigación”. Existen diversos criterios para clasificar los tipos de investigación, que han sido utilizados a lo largo de la historia de la metodología. En las primeras etapas, cuando el modelo epistémico predominante era el positivismo, no se hablaba explícitamente de “tipos de investigación”, dado que para el positivismo el único tipo de investigación considerado científico era la investigación confirmatoria. En consecuencia, ellos utilizaban el concepto de “diseños de investigación”, que estaba más asociado a las formas de control, el número de mediciones,  el grado de manipulación que ejercía el investigador sobre las variables de estudio y el número de variables a relacionar. De allí surgieron los conceptos de diseño experimental, diseño cuasi experimental, diseño expostfacto, diseño pretest-postest, diseño de series temporales, entre otros (Campbell y Stanley,1973; 2005).

Una de las clasificaciones más antiguas que existen acerca de los tipos de investigación es la que hace la distinción entre investigación pura (básica o formal) e investigación aplicada (fáctica) (Bunge, 1981: Ander-Egg, 1987). El criterio de clasificación utilizado en este caso es el grado de aplicabilidad de la investigación. La investigación pura seria aquella que se concentra específicamente en aspectos teóricos, como la que se hace en matemática o en física pura, y la aplicada la que implica desarrollos concretos para ser utilizados por el ser humano. Sin embargo, esta clasificación tiene varias limitaciones, una de ellas, es que, ya en la actualidad, la distinción entre puro y aplicado se ha ido diluyendo, porque las investigaciones que comienzan siendo “puras” terminan teniendo alguna aplicación en diversos contextos. Otra limitación, no menos importante, es que, desde el punto de vista metodológico, esta clasificación no contribuye a identificar características distintivas que ayuden al investigador a discernir las rutas metodológicas a seguir, por lo tanto, su valor didáctico para el desarrollo de investigaciones es casi nulo.

Una tercera clasificación que se ha utilizado es la que alude a expresiones como “investigación en ciencias sociales”, “investigación en ciencias naturales”, “investigación educativa”, entre otros. El criterio utilizado en este caso es la disciplina en la cual se hace la investigación. Esta clasificación tampoco aporta criterios metodológicos para distinguir el proceso a desarrollar. Hablar de investigación educativa no permite distinguir los procesos involucrados, pues en diversas disciplinas es posible utilizar procedimientos similares.

Otro criterio, que ha sido rescatado por Bisquerra (2000) para la clasificación de los tipos de investigación, es el que alude a la perspectiva desde la cual se aborda las unidades de estudio. En este sentido, algunos autores hablan de “investigación nomotética” e “investigación idiográfica” La palabra nomotética se refiere a la búsqueda de lo común de grandes grupos, y por lo tanto, al establecimiento de leyes generales. Por otra parte, el término idiográfica enfatiza lo particular, lo que distingue a un  caso del resto y alude al  estudio de eventos en casos particulares con base basándose en su unicidad e irrepetibilidad. Este criterio de clasificación tampoco aporta claves metodológicas precisas, por lo que  también resulta poco didáctico. Es preferible utilizar los términos idiográfico y nomotético para referirse al grado de generalidad, más que al tipo de investigación.

Un quinto criterio para clasificar los tipos de investigación es el tipo de datos con los cuales el investigador va a trabajar. Algunos autores utilizan las expresiones “investigación cualitativa” e “investigación cuantitativa” como tipos de investigación. Sin embargo, estos no son realmente tipos de investigación, sino formas de codificar la investigación, que va a conducir a datos diferentes y a técnicas de análisis particulares. Es posible tener, por ejemplo investigaciones descriptivas que utilicen datos cualitativos, pero también investigaciones descriptivas que utilicen datos cuantitativos.

Un criterio de clasificación que se ha asumido con más énfasis en los últimos años es el basado en el nivel de profundidad de los resultados que se espera alcanzar, en otras palabras, se basa en el objetivo de la investigación. Según este criterio, algunos autores proponen tres tipos de investigación: exploratoria, descriptiva y de confirmación de hipótesis (Ander-Egg, 1987), pero estas categorías están incompletas, no son exhaustivas. Por esa razón, desde la comprensión holística o sintagmática de la investigación (Hurtado de Barrera, 1996; 2010), se desarrolló una clasificación basada en 10 tipos de investigación: exploratoria, descriptiva, analítica, comparativa, explicativa, predictiva, proyectiva, interactiva, confirmatoria y evaluativa. Esta clasificación resulta mucho más didáctica y productiva desde el punto de vista metodológico, pues con sólo precisar el tipo de investigación, ya el investigador sabe cuál es su objetivo general cuáles son los estadios de sus objetivos específicos, qué tipo de análisis puede realizar y qué nivel de resultados espera lograr. Esta clasificación aporta mucha información metodológica, no sólo al propio investigador, sino a todos sus colegas en la comunidad científica. Esta será entonces la clasificación que utilizaremos de aquí en adelante para continuar la reflexión.

Qué es la correlación

En tercer lugar es necesario revisar el término “correlacional”. La correlación es una técnica de análisis estadístico que se utiliza para expresar la variación conjunta entre dos o más eventos (atributos, características, comportamientos…). Existen diversas fórmulas para estimar la correlación entre eventos, la más conocida es el coeficiente de correlación producto-momento de Pearson (Glass y Stanley, 1996). También hay fórmulas para casos particulares, por ejemplo cuando ambos eventos están expresados en puntajes, en nivel de intervalo, o cuando están expresados en frecuencias por categoría, o en puntajes ordinales.
La fórmula de correlación permite obtener un valor que varía entre -1 y 1, y que expresa la intensidad de la relación, además de la dirección en la cual se mueven los eventos estudiados. A medida que el valor se acerca a cero, la intensidad de la relación es menor. Cuando se acerca a 1, la relación es más fuerte, y el signo indica si los eventos se mueven juntos en la misma dirección (+), o si se mueven en direcciones contrarias (-). La correlación  sólo indica un movimiento simultáneo de los eventos, por lo cual no implica necesariamente causalidad, aunque es una condición para ella. Para afirmar que un evento es causa de otro, debe haber correlación, pero esto no es suficiente, se requieren otras condiciones para concluir que existe una relación de causalidad. Por otra parte existen casos en los cuales la correlación es “espúrea”, es decir, la fórmula arroja un valor alto de correlación, pero en realidad los eventos no están interconectados.

La técnica de correlación puede utilizarse para saber si varios eventos forman parte de un evento mayor, para precisar cómo dos eventos aparecen de forma contingente, y son, además, la base de otras técnicas como los análisis factoriales, los análisis de ruta y los análisis estructurales. Como la correlación sólo indica el movimiento conjunto entre dos o más eventos, no se relaciona exclusivamente con un tipo particular de investigación. La correlación puede aplicarse como técnica de análisis en diferentes tipos de investigación: en investigaciones descriptivas para ver cómo se combinan diferentes aspectos que conforman un evento mayor, o cómo se comportan varios eventos en forma conjunta; en investigaciones explicativas para detectar la magnitud de la relación entre las posibles causas y los efectos; en investigaciones predictivas para construir el modelo de predicción; en investigaciones confirmatorias para corroborar la relación bajo ciertas condiciones de control de variables extrañas, entre otras. Por lo tanto es impropio referirse a lo correlacional como un tipo de investigación

Algunos autores también hacen uso del término correlacional para referirse a la investigación confirmatoria y, en consecuencia, lo asocian a la formulación de hipótesis. Sin embargo, ya vimos que la correlación no es una técnica estadística exclusiva de este tipo de investigación.

Conclusión

La correlación es una técnica de análisis estadístico que únicamente indica variación conjunta entre eventos, que puede ser aplicada a diversos tipos de investigación, con diferentes  propósitos. Además, los tipos de investigación se clasifican en función del objetivo, y la correlación no alude al objetivo de una investigación (correlacionar no es el objetivo sino la técnica de análisis). Por lo tanto, afirmar que la investigación se clasifica en “exploratoria, descriptiva, explicativa y correlacional” implica obviar la norma de la clasificación que requiere que las categorías pertenezcan al mismo criterio. Por último es impropio atribuir a la correlación características que pertenecen a la investigación confirmatoria, dado que, además, la investigación confirmatoria puede valerse de otras técnicas de análisis distintas a la correlación. En consecuencia, no existe un tipo de investigación llamada correlacional.

Referencias
Ander-Egg, Ezequiel. 1987. 8ª. Técnicas de Investigación Social. Buenos Aires, Argentina: Hvmanitas.
Bisquerra, Rafael. 2000. Métodos de investigación educativa. Barcelona, España: Grupo Editorial Ceac.
Bunge, Mario. 1981. La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veinte.
Campbell, Donald y Stanley, Julian. 1973. Diseños Experimentales y Cuasiexperimentales en la Investigación Social.  Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.
Campbell, Donald y Stanley, Julian. 2005.9ª Reimp Diseños Experimentales y Cuasiexperimentales en la Investigación Social.  Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.
Glass, Gene; Stanley, Julian. 1996. Métodos estadísticos aplicados a las ciencias sociales. Madrid, España: Editorial Prentice-Hall International.
Hurtado de Barrera, Jacqueline. 1996. El Anteproyecto y el Marco Teórico. Un enfoque holístico. Caracas, Venezuela: Sypal.
Hurtado de Barrera, Jacqueline. 2010. Metodología de la investigación. Guía para una comprensión holística de la ciencia. Bogotá, Colombia: Quirón-Sypal.
Tamayo y Tamayo, Mario. 2004. El proceso de la investigación científica. México: Limusa.

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